DEAD CAN DANCE a pocos días de su nuevo LP “Anastasis” después de 16 años

Dead Can Dance ya esta a dias de un nuevo LP titulado Anastasis. Sus principales componentes, Brendan Perry y Lisa Gerrard, habían decidido dieciséis años atrás terminar con su colaboración y emprender carreras en solitario.

Lisa Gerrard trabajó con otros músicos y probó nuevos estilos. Estos experimentos a veces eran brillantes, como en el caso de Black Opal (2009), pero otras parecían torpes incursiones en la música new age a destiempo. Posiblemente su mayor éxito en solitario fue el tema vocal “Now We Are Free” en la banda sonora de la película Gladiator (2000).

Brendan Perry ha sido menos prolífico, pero en su LP Ark (2010) mostraba su buen quehacer musical e insinuaba un posible regreso a lo mejor de Dead Can Dance.

Para quienes no conozcan al dúo, voy a hacer una breve presentación. Dead Can Dance nacieron en 1981 y sus primeros discos se podían incluir dentro de la cultura Gótica, aunque ya entonces mostraban rasgos muy personales que los distinguían del resto de las bandas oscuras. Conforme fueron avanzando en su discografía se desplazaron desde la cultura dark hacia la música étnica antigua, sin perder nunca el elemento siniestro que los definió en un principio. En sus temas introducían el uso de instrumentos musicales de la antigüedad, letras en ideoglossia (un lenguaje propio inventado por Lisa Gerrard) y sintetizadores. A su vez, homenajeaban al canto gregoriano, la música renacentista europea, la música tradicional persa, la música tribal africana y un largo etcétera de influencias a veces muy sutiles.

Creo que sus discos más importantes son The Serpent Egg (1988), Aion (1990) e Into the Labyrinth (1993). Estos tres LP salían en una época en la que estaba de moda la cultura new age, que reivindicaba las tradiciones de los pueblos antiguos y un regreso a esa espiritualidad que parecía perderse conforme se incrementaba la velocidad de intercambio de información en los medios de comunicación. A diferencia que la mayor parte de los artistas new age, que ya casi nadie recuerda, Dead Can Dance ofrecían conocimientos musicales sólidos, calidad en sus composiciones y profundidad en sus letras (cuando estaban escritas en un lenguaje que se pudiera entender).

¿Qué he sentido al escuchar esta nueva propuesta, tanto tiempo después?

Por una parte, la certificación de que son una gran banda. Anastasis no está a la altura de sus mejores discos, pero está muy por encima de casi cualquier novedad actual. Han perdido algo de su magia y caminan por sendas que ya han recorrido. Pero lo hacen casi tan bien como en 1990. Sus temas son capaces de transportarte a un mundo misterioso, brumoso, prístino, donde no es tan difícil volver a hacerse esas grandes preguntas que nos definen como seres humanos.

Por otra parte, he sentido nostalgia. De una década, los años 90, en la que se reivindicaba una forma de vivir más profunda, mirando hacia adelante pero sin cortar con las raíces tradicionales. Porque si tuviese que elegir una sola palabra que defina a Dead Can Dance sería espiritualidad, aconfesional, abierta y sobre todo, en acción.

A veces me da la impresión de que a partir de los atentados del 11-S se abrió una nueva etapa cultural que dio por zanjada la anterior. Entramos en una era materialista, egocéntrica y temerosa. Salimos de otra más ingenua y atrevida en la que las personas buscábamos un poquito de verdad, unas veces de la forma menos adecuada a través de sincretismos superficiales, otras investigando seriamente el pasado y rescatando lo mejor para resacralizar el mundo.

Como hijo de aquella década, he caído en sus peores trampas (los libros de auto-ayuda, Paulo Coelho y los gurús teosofistas) pero también he buceado en otras fuentes que entonces volvieron a ponerse en valor (el misticismo cristiano, el budismo zen, la psicología humanista y los filósofos de la antigüedad greco-latina).

Brendan Perry y Lisa Gerrard pusieron la banda sonora en mis infructuosas aproximaciones a la escritura de género fantástico y sonaron como fondo en las reuniones con otros compañeros con inquietudes artísticas. El LP The Serpent Egg fue el sustrato musical del intento de relación con mi última mujer-mito, una chica bohemia que nunca llegó a corresponderme. Gran amor no realizado que me sembró de dolor. Quizás el último gran amor.

Dead Can Dance me sigue pareciendo el grupo de referencia para ese tipo personas sedientas de trascendencia que ahora se ven huérfanas de una cultura que las arrope. Cumplen perfectamente con su cometido.

Ahora sólo espero que este LP sea el comienzo de una nueva etapa del grupo que nos siga inspirando como entonces.

fte: http://bibliotecadeleter.wordpress.com/2012/08/16/anastasis-dead-can-dance/

Tracklist:

01 – Children of The Sun
02 – Anabasis
03 – Agape
04 – Amnesia
05 – Kiko
06 – Opium
07 – Return of The She-King
08 – All In Good Time